Homilia para este Domingo, por Monseñor Lopez Castillo

“Toma tu cruz y sígueme”
En efecto, ¿cómo puede venir la salvación por una Cruz, suplicio estipulado para los condenados a muerte? Por eso Pedro mismo no entiende ese lenguaje. Sin embargo Jesús, no oculta la realidad de la Cruz y en ella hay un plan salvífico. Cristo ve en ella, la voluntad de su Padre Celestial, como camino a la Resurrección. Los mismos Apóstoles, después de la Resurrección, con decisión afirman “era necesario que el Mesías sufriera” (Lucas 24,25).
La Cruz es un misterio, como lo es la Resurrección, y también el dolor y la vida.
Pero la escritura nos dice: “Cristo murió por nuestros pecados” (1 Corintios 15,3), entonces a través de la debilidad humana, se manifiesta el poder de Dios: de tal manera que “Jesús fue colgado del árbol, como un maldito, para rescatarnos de la maldición de la Antigua Ley” (Gálatas 3,13); por “la sangre de su Cruz, se reconcilia Dios con todos los seres, Él hace de los dos pueblos, un solo pueblo o cuerpo” (Efesios 2,14ss).
Para San Juan, la Cruz  no es humillación sino desde ya, “la gloria de Dios, anticipada”, Juan dice que en la Cruz, está ya el triunfo de Jesús. Así el Apocalipsis, nos enseña que a través de ese “leño” o “Cruz”, se nos da “el árbol de la vida”.
De tal manera que quien en su vida asuma el dolor, el fracaso, desde la fe, unido a la Cruz de Cristo, vence el fracaso, derrota el dolor, y se llena de vida resucitada en Cristo, y así pasa de la muerte a la gloria eterna; este es el sentido de toma tu Cruz y sígueme, en Jesús; claro es el dolor y el fracaso que aparecen, no el que se busca masoquísticamente; porque desde esa misma fe, estamos llamados a vencer el atraso y el subdesarrollo, pero a pesar de eso, somos imperfectos y junto al error humano, aparecerá siempre el sufrimiento, la angustia y la muerte. Pero si cuando aparecen éstos, los ubicamos desde la fe en Cristo muerto y resucitado, resucitaremos victoriosos en esta vida y en la otra. De allí que el no desesperarnos ante la cruz de la enfermedad, la cruz del sufrimiento, la cruz de las tribulaciones, la cruz de la muerte, sino con todo valor, serenidad y alegría lo sabemos encausar desde la fe, en Cristo muerto, se transforman en triunfo, en Resurrección en el Señor. Por ello pues tratemos de vivir, lo que Jesús nos dice: “Toma tu Cruz y sígueme”. 
Mons. Antonio José  López castillo
Arzobispo de Barquisimeto.

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